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Odio quiero más que indiferencia

Odio quiero más que indiferencia

Si tuviéramos que medir la popularidad de los personajes de la política que se mueven rumbo a los comicios estatales de 2016, no solo tendríamos que medir el grado de aceptación con base en los comentarios positivos que reciben de los analistas de los medios de comunicación estatales y nacionales, sino también en los negativos, una especie de odiómetro que permita medir su permanencia en la lista de los notables, de los visibles e, incluso, de los posibles.

Aunque los comentarios periodísticos en cualquiera de los dos sentidos tienen poca mella en la decisión de los ciudadanos y, acaso, pueden servir para normar el criterio entre los columnófagos (o comentófagos, si lo prefiere, para designar al por desgracia escaso público que lee columnas políticas), lo cierto es que de todas maneras sirven para establecer quiénes mantienen la tea encendida y cuáles otros pareciera que se les acaba el pabilo, sumiéndose en la oscuridad de la displicencia.

“Odio quiero más que indiferencia, porque el rencor duele menos que el olvido”, reza la letra de una de las canciones más populares de Julio Jaramillo, y en política parece que tiene más sentido que en el amor.

Pégame pero no me olvides, parecen decir varios políticos a los columnistas. Algunos de los que aspiran a hacer campaña gubernamental en 2016, sea porque no huelen ni hieden o por estrategia política, parecen relegados al ostracismo de los observadores, quienes de tanto olvido ni siquiera los conminan al infierno de sus agudas críticas o a la gloria de sus encendidos panegíricos.

Otros, en cambio, están haciendo tanto ruido, se mueven con tanta versatilidad en los temas más candentes de la realidad veracruzana que siempre están a punto en las columnas y artículos editoriales, sea para resaltar sus enormes oportunidades para tomar la bandera de la sucesión de Javier Duarte de Ochoa o para denostar sus trayectorias, sus traiciones y sus andanzas pasadas y presentes.

Los olvidados

El grupo de los olvidados se ha alimentado copiosamente por quienes, habiendo sido señalados de ser los continuadores de la Fidelidad, hoy forman una minúscula parte de un grupo riñonudo de políticos de toda la geografía nacional que buscarán tomar por asalto la tribuna en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión y arrebatar las comisiones legislativas, a costa de quienes se les pongan enfrente.

Ya hemos visto cómo el único que ha tenido buena estrella es el exsecretario de Desarrollo Social y diputado federal por Los Tuxtlas, Jorge Carvallo Delfín, a quien el coordinador de los diputados del PRI, César Camacho, nombró como uno de los 16 vicecoordinadores de su numerosa fracción parlamentaria.

El toluqueño hizo relucir la patria chica ante el exdirigente nacional priista y, como lo corrobora una fotografía al momento de tomar protesta como diputado federal, era el único sonriente del grupo de los veracruzanos, mientras a su lado y atrás veíamos adustos, serios, infelices y olvidados a los diputados Érick Lagos Hernández (Acayucan), con todo y ser el coordinador de la diputación veracruzana del PRI-PVEM; Alberto Silva Ramos (Tuxpan) y el empequeñecido Adolfo Mota Hernández (Xalapa Rural).

Como en la película de Luis Buñuel, Los Olvidados, esta tríada de niños de la Fidelidad han ido perdiendo combustible, primero porque pasaron un largo periodo desde los comicios del 7 de junio hasta que recibieron su constancia de mayoría, pasaron los periodos de impugnación y protestaron como diputados federales, y ahora deberán pasar un tiempo a que empiecen a mostrar agallas para enfrentar a sus aguerridos pares, no solo del PRI-PVEM sino de la oposición panista, en especial del diputado Miguel Ángel Yunes Linares, y del PRD y Morena.

Además de ellos, quien no ha podido prender mecha es el diputado local Renato Tronco Gómez, una mala caricatura de El Bronco neolonés, quien después de sus tiempos de gloria mediática con su reality show para encontrar a su doble (seguido incluso por las televisoras y agencias informativas internacionales, atraídas por la ridiculez del paisano), hoy cuelga su sarape desde su apagado jamelgo por caminos alejados de los reflectores.

A ninguno de ellos, por supuesto, se le puede expedir carta de defunción política, porque solo están en calidad de desaparecidos. Algunos dicen que a Érick Lagos y a Alberto Silva se les vio comiendo con Duarte y los alcaldes de Veracruz y Xalapa en El Cacharrito de Boca del Río, muy felices hasta la hora de la cuenta en que tuvieron un pequeño contratiempo, pero lo cierto es que han preferido alejarse de los mentideros políticos locales para enfocarse en el Congreso.

El odiómetro a todo lo que da

Quien se regodea en la fama gratuita que le obsequian sus detractores es Gerardo Buganza Salmerón, el único aspirante a candidato independiente que no pasa un solo día sin cincelar su futura campaña, aunque desde el PAN, desde el PRI y desde casi todos los partidos se le torpedea calificándolo por lo menos de traidor.

Rey sin trono tras el fraude de Fidel Herrera Beltrán, cuando prácticamente obtuvo el triunfo que le hubiera convertido en el primer gobernador de la alternancia política en tierras jarochas, Buganza daría un fuerte viraje al abandonar el PAN cuando Felipe Calderón, tras el famoso pastelazo, impuso a su entonces director del ISSSTE, Miguel Ángel Yunes Linares, como candidato blanquiazul para suceder a Fidel.

Enemigo político del choleño, quien le quitó la posibilidad de buscar por segunda ocasión la gubernatura, Buganza se sumó a la campaña de Javier Duarte de Ochoa para evitar que ganara el PAN, y ya conocemos la historia tras ese chaquetazo: en el gobierno duartista fungió como Secretario de Gobierno dos veces (y en medio, secretario de Infraestructura y Obras Públicas), y hoy ha salido como el tiburón morado que lo puede colocar como una versión engañosamente tersa de El Bronco.

Y ha pisado alfombras anti partidistas. Cuando recientemente dialogamos con él en ocasión de una invitación con el Grupo de los 13, claramente señaló su animadversión por los partidos políticos. No solo porque en el que militaba y del que fue Senador y candidato a Gobernador, el PAN, lo traicionó y, en el caso de la campaña al gobierno, le hizo pagar de su propio bolsillo la cuenta (más de 40 millones de pesos), dejándolo en la inopia y obligándolo a viajar a la ciudad de México en autobús o de aventón para cumplir en el Senado, sino porque ve en ellos la más clara manifestación de la corrupción organizada.

Ya se ha reunido con el próximo gobernador de Nuevo León, Jaime Rodríguez Calderón, El Bronco, y el apoyo que este le dará para su campaña será invaluable. Buganza nos confió que el equipo de El Bronco ya capacita al suyo en materia de marketing político, comunicación, organización y demás. Y recientemente se reunió con el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas para establecer vínculos políticos orientados a crear opciones ciudadanas.

Queda claro que no pasará desapercibido y que cada día dará de qué hablar. ¿Le preocupa que le hagan campañas de escarnio por haber ‘traicionado’ al PAN y haber apoyado a Javier Duarte? Difícilmente. Cada día lanza un nuevo tema para la agenda política de Veracruz y los golpes que le enderezan sus contrarios, por sí o por interpósitas personas, lo único que logran es que vaya siendo conocido por más ciudadanos.

¿Qué le hace persistir en su empeño? Según él, los resultados de encuestas en que ha notado el crecimiento de la opción de votar por un candidato independiente entre los veracruzanos, al punto de llegar al 70 por ciento. Sabe también que eso ocurre cuando no hay candidatos partidistas definidos, lo que puede hacer disminuir esa pulsión política.

Otro que sigue siendo golpeado es precisamente el archienemigo de Buganza, el diputado Miguel Ángel Yunes Linares quien, por cierto, no asistió a tomar protesta a la Cámara de Diputados y ello ha servido para acercarle el paquete. Este domingo ha mandado una explicación: se encuentra en el extranjero cuidando al senador Fernando Yunes, su hijo, aquejado por una neumonía.

Los que están en la cresta de la ola

Solo de paso, porque ya se comenta mucho de ellos, señalaré que quienes están con el mercurio marcando temperaturas dignas de canícula son, en ese orden, los senadores priistas José Francisco Yunes Zorrilla y Héctor Yunes Landa. Ambos se ubican en el ala crítica del PRI, acaso porque deben contener la maldición fideliana de que ningún Yunes llegue al principal despacho de Palacio de Gobierno.

Los enroques en el gabinete de Enrique Peña Nieto apuntan a un mayor beneficio para Pepe Yunes, por el fortalecimiento de los economistas sobre los políticos que, en sano castellano, quiere decir que Luis Videgaray ha adelantado pasos en la sucesión presidencial sobre Miguel Ángel Osorio Chong.

Ya sabíamos que Pepe, además de Videgaray, es amigo muy cercano de José Antonio Meade Kuribreña; mientras este estuvo en la cancillería le podía ayudar para gestiones que tuvieran que ver con el traslado de paisanos de Estados Unidos a su tierra natal o para apurar algún trámite diplomático, pero Meade se ha hecho con la Secretaría de Desarrollo Social y ese sí que es un activo político invaluable.

¿Quién más? No hay que olvidar a Tomás Ruiz González, titular de la SIOP. Sin embargo, este experto en finanzas busca agrandar su figura mediante un trabajo ejemplar en la dependencia, y no hay día que no anuncie una obra o establezca compromisos con alcaldes y grupos sociales, lo que le puede redituar muchos bonos, en caso de que de Finanzas no le salgan con que no hay recursos y que todo lo que acuerde se vaya al carajo.

En los siguientes días hablaremos de los posibles desde el bando de la oposición. Por lo pronto, no me olviden. Ódienme pero no me olviden.

Comentarios: belin.alvaro@gmail.com | Twitter: @HoraLibre | http://formato7.com/author/abelin/

 

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