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El negocio de las encueradas

El negocio de las encueradas

Abuelita ¿por qué no tienen ropa esas señoras? Pregunta la pequeña al salir de la escuela y ver a las mujeres de los 400 Pueblos totalmente desnudas bailando alrededor de la fuente y a un lado de la vía pública. Muy nerviosa, la abuela le contesta: “Es que tienen calor, hija”.

Ya se imaginará mi cara al pensar en los sentimientos encontrados que tendrá la pequeña cuando tenga calor y quiera quitarse la ropa y le digan que no puede hacerlo.

Lo más lógico sería que la abuela le hubiese dicho la verdad, aunque no soy nadie para juzgar la respuesta de una persona de casi sesenta años.

Si de por sí muchos ciudadanos no conocemos “las distintas y cambiantes” causas de sus manifestaciones, es más complicado explicar el porqué y el cómo se manifiestan las mujeres originarias de Álamo Temapache.

Bueno, creo que hay una causa muy poderosa y se llama “necesidad”. ¿Aunque tienen que quitarse la ropa y mostrar su cuerpo desnudo a los demás? ésa es la pregunta que muchos nos hacemos. ¡Es para llamar la atención! dice mi hermana.

Realmente es verdad, llaman la atención, pero además llaman al morbo, al repudio y malestar de algunos ciudadanos; la burla, los comentarios obscenos y hasta la compasión y lástima de otros.

Por lo que la reciente manifestación de las mujeres de los 400 Pueblos sólo ocasiona opiniones encontradas, desde los que tachan el cuerpo de acuerdo a un estándar de belleza (o sea ¿sólo deben manifestarse encueradas las que son bellas?) hasta los que afirman que cada quien tiene su forma de manifestarse.

Y es correcto, estoy de acuerdo con ello, pero recordemos que no vivimos de manera independiente sino dentro de una sociedad con reglas que hay que acatar, aunque esto como en las relaciones es de dos y falta la otra parte: ¿Nuestros gobernantes y autoridades en curso qué hacen al respecto?

Creo que ése es el mayor malestar con la manifestación de los 400: ver cómo se violan leyes y que las autoridades no hagan nada; al contrario, apoyan al líder con recursos para traerlos desde su pueblo, alimentarlos, pagarles comida, hospedaje, salario, porque déjeme comentarle que dicen que les pagaban 500 pesos diarios cuando las mujeres mostraban sólo los pechos. Bueno, imagino que ya subieron su cuota, pues ya se desnudan completamente.

Ahora, la siguiente pregunta es: ¿por qué los hombres no se desnudan? Aclaro que no pretendo que los varones se quiten la ropa y que ahora se empiece con el morbo del tamaño de su pene o si se rasuran; si les cuelgan mucho los testículos o son peludos de las nalgas. ¡No! ¡No! Mi pregunta es porque eso sería lo más justo: “todos parejos con la causa”, pues si se trata de llamar la atención, ambos sexos lo conseguirían.

En mi opinión, no lo hacen porque entonces sí, no habría excusa para que el diputado Marco Antonio del Diablo lo hiciera. ¡Eso sí llamaría la atención! ver al dizque diputado en cueros que a mi juicio ha fracasado como representante “popular” en el Congreso, pues de lo contrario, la gente de los 400 Pueblos no tendría la necesidad de encuerarse. ¡A menos que tuviese otros interese$$$!

Esto me hace pensar también que detrás de las mujeres están hombres que les han lavado el cerebro para que bailen desnudas por una dizque necesidad. Recordemos que ellos fueron los primeros en entrarle  al negocio, tal como lo manifiesta Alfonsina Sandoval Urbina, primera voz en las mujeres y la cual, cada vez que se expresa, lo hace pidiendo permiso a su “jefe” César del Ángel –fundador de la organización de los 400 Pueblos. Ella dice: “aquí es un mundo de varones y son muy celosos”; ¡por Dios! si fueran un poco celosos tomarían sus camisas ¡y las taparían! Es más ¡se manifestarían sólo ellos!

Pero la necesidad es grande y creo que seguiremos viendo a unas mujeres que en sus caras se le aprecia confundidas, pues les han vendido la idea que son únicas en el mundo a pesar de que muchas de ellas, estoy segura, no están a gusto con lo que hacen.

Ante todo esto, la ecuación final quedaría así: El fundador gana poder; el diputado, dinero y promesas; los hombres de los 400, dinero y tierras; las mujeres de los 400, fama y dinero; una parte de los ciudadanos, gusto por el morbo ante la desnudez; la otra parte, malestar y decepción; las autoridades, opacidad e indiferencia; y el que contrató los servicios de los 400, prebendas políticas. Pero allí no termina el asunto… nos faltan los niños ¿dónde quedan? pues como dijeran por allí: “Uno como quiera, ¿pero las criaturas?”

La niña voltea a ver a su abuelita y le dice: “Yo no tengo calor porque no salió el sol”.

Email:caballero_brenda@hotmail.com

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